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SOBRE EL DAJAO


NOMBRES GEOGRAFICOS DESAPARECIDOS
DE LA OROGRAFIA DOMINICANA


POR MANASES SEPULVEDA HERNANDEZ (Tomado de Periódico Hoy - Edición Digital)

Uno de los casos más extraños en la geografía dominicana es la desaparición de decenas de nombres que identificaban las principales montañas del sistema orográfico del país.

En los mapas vigentes con cartografía actualizada muchos de los nombres que identificaban a las principales las montañas, ahora no están, por el poco seguimiento o importancia que se le da a la secuencia histórica de los nombres geográficos.

Así también al igual que en otros países la República Dominicana no cuenta con un diccionario geográfico que provea un sistema de información terrestre oportuno y asequible.

Este problema precisamente va a ser uno de los obstáculos para integrarnos efectivamente al Sistema de Información Geográfico Universal, donde cada sitio geográfico de un país está debidamente identificado.

Al parecer la secuencia histórica de los nombres geográficos se ha perdido. Uno de los eslabones importantes de la geografía histórica es la geografía del licenciado Cayetano Armando Rodríguez que conservaba los nombres de la mayoría de las montañas de altura considerable del sistema orográfico del país.

Hay varios ejemplos de nombres geográficos que prácticamente han desaparecido y que designaban montañas que ahora son desconocidas como por ejemplo las lomas El Peñón ubicada entre el pico Diego de Ocampo y Piedra Gorda en la Cordillera Septentrional, la cual era muy mencionada en las primeras décadas del pasado siglo.

Es preciso recordar que el pico Diego de Ocampo, así como la loma Isabel de Torres fueron medidos por medio de un barómetro por el profesor Pennell.

Otras elevaciones en la Cordillera Septentrional casi desconocidas en la actualidad son Loma Rusia, Puerto de los Hidalgos, La Cumbre, Pico García, La Monteada, y la Loma de Boba próxima a Cabo Francés.

En la porción oriental de la Cordillera Central fueron muy mencionados los nombres de las montañas Ceja Gorda, Sancti Spíritus, Isabélica, Cabao, Lucía y Haití.

En el macizo central de esta cordillera fueron olvidados los nombres Cucurucho, Pico Rubio, Monte de las Lagunetas, Sierra Tabaco, Loma de la Garrapata.

En este lugar uno de las montañas más mencionadas fue el pico Báez, puesto por el profesor y eminente geólogo William Gabb que realizó uno de los estudios geológicos más importantes de la isla en ese tiempo. Por no conocérsele otro nombre, la nombró así en honor al Presidente Buenaventura Báez quien ordenó efectuar los trabajos.

Sobre las montañas cabe decir la importancia de las mismas dentro del sistema orográfico. Sin las mismas la tierra sería demasiado uniforme. A ellas se debe en gran parte la formación de fuentes o manantiales por lo que sin las montañas los ríos y las aguas por carecer de inclinación para dirigirse a los océanos formarían pantanos insalubres.

También atraen las lluvias, provocando diferen cias climáticas y dividen el territorio en regiones fisiográficas bien definidas.

La mayor parte del territorio de la República Dominicana está formado por cordilleras, valles y sierras que se presentan como hileras de norte a sur, lo que hace qus sea irregular y con cambios continuos en los niveles de su superficie, alcanzando su altura máxima en su macizo central con el pico Duarte (3,175 m.), la elevación más alta de las Antillas.

Topográficamente, las formaciones del relieve del suelo surgieron a causa de procesos geológicos a los que estuvo sometido y en los cuales ha jugado un papel preponderante las fallas y movimientos de los pliegues estructurales.

El territorio luce alargado de Oeste a Este, donde la gran masa montañosa y abultamiento de los terrenos está al oeste con gran parte de los macizos de las Cordilleras Septentrional, Central y las sierras de Neiba y Bahoruco para tomar una disposición marcadamente llana hacia el este, con los llanos costeros de Sabana de la Mar- Miches y la Llanura Costera del Caribe, ambos separados por el macizo de la Cordillera Oriental y la zona de Los Haitises.

La anchura de las cordilleras no pudieron ser muy amplios ya que la extensión de norte a sur del territorio es de menos de trescientos kilómetros, por lo que tuvieron que desarrollarse en un espacio relativamente pequeño.

Por esa razón es que también los valles que corren paralelos a ellas no tienen dimensiones importantes de norte a sur, sin embargo, constituyen en ocasiones largas fajas, depresiones estructurales, como el caso del valle del Cibao, que se extiende desde la bahía de Manzanillo hasta la bahía de Samaná con variedades geomorfológicas acentuadas, como barras de arena, ciénagas costeras, depósitos lacustres, y abanicos aluviales. Además concentran en sus fértiles tierras la capacidad agrícola y productiva del país.

Llama la atención el llano de origen lacustre denominado Hoya de Enriquillo entre las sierras de Bahoruco y Neiba que tiene una depresión de 42.5 mts bajo el nivel del mar con un lago del mismo nombre(Lago Enriquillo) que es el más extenso de las Antillas.

Desde el nivel más bajo (Hoya de Enriquillo) al más alto (pico Duarte), el relieve dominicano tiene características muy definidas de tierras altas y llanas.

Por el contrario, las tierras altas formadas por las cordilleras y sierras, principalmente en el macizo de la Cordillera Central, las pendientes son abruptas, lo que impide la comunicación y se dificulta en gran parte la ocupación humana.

En un estudio realizado en el año 1967, por la OEA la República Dominicana fue dividida en veinte regiones geomórficas que van de norte a sur y que definen, delimitan el espacio del territorio dominicano.

Estas áreas son: La Llanura Costera del Atlántico, las ciénagas costeras y tierras bajas al oeste de la boca del río Bajabonico, tierras bajas de Luperón y del río Bajabonico, llanura de Puerto Plata, valle del río Yásica, llanura de Nagua y Río San Juan.

El promontorio de Cabrera, la Cordillera Septentrional, el valle del Cibao(con sus zonas oriental y occidental), el delta del río Yuna. Así también la península de Samaná, Los Haitises, llanuras costeras de Miches y Sabana de la Mar, Cordillera Oriental, pie de monte de la Cordillera Oriental, llanura costera del Caribe, Cordillera Central, valles intramontanos de la Cordillera Central, Sierra de Yamasá, valle de San Juan, Sierra de Neiba, Hoya de Enriquillo, llanura de Azua, Sierra de Martín García, Sierra del Bahoruco y la península sur de Barahona.

Estas zonas geomórficas tienen su identidad y características que le son propias de acuerdo al espacio geográfico donde están ubicadas y la adaptación para el uso de suelo, actividades productivas, turismo y área protegidas, lo que constituye un rasgo notable de la riqueza del relieve dominicano.

Desde el el noroeste hasta el nordeste, desde punta Manzanillo en Montecristi, hasta cabo Samaná en la provincia de Samaná, geomórficamente el espacio está definido por la Cordillera Septentrional que está separada de la Cordillera Central por el valle del Cibao. El plano costero de esta zona bañado por las aguas del Atlántico está bordeado por una serie de llanos, que van desde el llano costero de Bajabonico cerca de Villa Isabela, el llano costero de Puerto Plata, el llano costero de Yásica el llano costero de Nagua-Boba hasta llegar a las inmediaciones de la Sierra de Samaná.

En la extensión este-oeste desde Las Lajas hasta Cabo Engaño, que es la gran porción central del territorio dominicano, la mayor parte del espacio está dominado por el macizo montañoso de la Cordillera Central con las principales alturas del territorio nacional(pico Duarte, La Pelona, La Rucilla y Sillón de la Viuda), que se interrumpe por el valle de Bonao luego la Sierra de Yamasá hasta continuar con Los Haitises y por último la Cordillera Oriental. La parte costera de esta zona está bordeada por los llanos costeros de Sabana de la Mar y Miches.

El espacio suroeste-sureste desde punta Avarena en la bahía de Neiba hasta cabo San Rafael el plano costero está bañado por las aguas del mar Caribe está conformado por la Plena de Azua y la Llanura Costera del Caribe, la de más amplia extensión que empieza en Baní hasta la provincia de La Altagracia.

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