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Corran que va a llover!


¿Quién ha vivido en un campo de  República Dominicana y no ha participado del corredero que se arma cuando la lluvia es inminente?

Primero cambia la sensación del aire. Las gallinas y los patos corretean a la caza de los insectos que se mueven presurosos por el suelo. Se siente el inconfundible olor a tierra mojada que trae la brisa. La misma brisa se siente más fresca y cargada de humedad. Los perros corren al rancho o se meten en la casa tras sentir el frío de las primeras gotas que suenan como municiones al caer sobre el techo de zinc y como charamicos de juan prieto rompiéndose cuando caen sobre techos de cana o yaguas.

Cielos, que fascinante es un aguacero en el campo! Aunque se nos llenen de lodo los piés y aunque el patio se llene de charcos y aunque el río no dé paso hasta que baje la crecida, cuando deje de llover en la cabecera.

Tras esas primeras gotas se escucha el grito de la madre de familia: 

-Benigna corre, recoge la ropa del cordel pa' que no se moje, muchacha juye! 

Y la niña flaca sale corriendo a recojer las piezas de vestir que cuelgan de largos cordeles hechos de alambre de hierro fundido, que aquí llamamos alambre dulce. Su pelo suave y castaño comienza a empegotarse con la lluvia que ya comienza a caer sobre ella y se ven más graciosas las pecas de su linda carita, cuya belleza y finura nadie ha notado por sus escasos 11 años y por vivir en un lugar tan apartado. Un elevado porcentaje de los nativos de nuestras lomas son descendientes de europeos, mezclados casi siempre con mestizos, pero manteniendo sus razgos finos y el pelo suave por varias generaciones.

Y sigue el corre-corre:

-Cierren las persianas y las puertas! Muchacho date vivo que la brisa ta' mojando tó.

Y las lomas se tiñen de gris oscuro, muy opaco. Y esa oscuridad de las nubes cargadas de lluvia se va convirtiendo en un manto blanco que parece seda cayendo lentamente. Así se ve la lluvia caer como lentas telarañas blancas en medio de las hondonadas y vallejuelos de nuestras lomas. Y los recodos se van llenando de pequeñas cañadas de agua cargada de barro que la tiñen de marrón y que al paso de las horas de lluvia se convierten en cursos cristalinos que algún día llegarán al mar; tal vez al grifo tibio de una casa de la civilización existente mucho más abajo de esas cumbres. Y los caños van subiendo de caudal y se escuchan los estruendos de las caidas de los torrentes que forman fabulosas chorreras.

Cuando el temporal es acompañado de tormentas eléctricas se escuchan los truenos retumbar entre las cumbres de las montañas más altas y se ilumina con intensidad toda la naturaleza con la llama repentina en el instante del rayo. Los perros salen corriendo y se nos meten entre las piernas o debajo de las camas o las mesas, huyendo de los truenos. Muchos creen que por miedo a los mismos y es que sus oidos son tan agudos que la intensidad del trueno les hace doler los tímpanos.

Muchos hombres pasan horas enteras guarecidos bajo un rancho de cana, hasta que "orée" un poquito, para poder llegar al bohío. Pero si pasan de las cinco de la tarde y la lluvia persiste se escucha:

-Compadre, mejor como que vamo' cogiendo camino, porque si nos coje este temporal de noche quien sabe de nojotro'

-Jum, yo creo que si, compa, mejor vamo' cogiendo trillo.

Y mientras todo ello pasa el viejo Cunín chupa calmoso los copasos de un cigarro de tabaco, recordando sus correrías de antaño. Y tal vez le pasa por la mente el temporal de agua aquel del año '42, cuando el río subió tanto que sus aguas se metieron en el fundo de Ciprián. Y entre pensamientos y recuerdos el cigarro se le apaga con la brisa y la humedad y lo enciende una y otra vez, hasta que lo termina y saca otro de la fundita plástica que lleva siempre en el bolsillo.

Y cada cual toma su ritmo, hasta que la naturaleza les deja ver el Sol de nuevo.

 


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