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Por RIAMNY MéNDEZ / Tomado de
la edición digitalmdel Periódico
Listin Diario
SIERRA DE AGUA,
Bayaguana.-
Las casas de campo, en
forma de triángulo, con sus tablas pintadas de colores pasteles son un
atractivo turístico recién descubierto. El paisaje completado con árboles,
maleza verde y una carretera enlodada hacen un ambiente irresistible para
Lorenza, una turista francesa.
Ella, como muchos otros, ha preferido dejar la playa y el sol para
observar lo folclórico de la vida rural dominicana.
En Sierra de Agua hay unos seis ranchos que reciben en promedio unos 200
turistas por día, llevados por guías desde los hoteles de la zona Este
del país, como Punta Cana e Higüey.
Atravesando una carretera sin asfalto, casi siempre llena de lodo por las
constantes lluvias de la zona, cercana a los haitises, los franceses y
holandeses arriban felices a los ranchos.
En el negocio de Ramón Lugo le dan un tour por las antiguas raíces de la
vida dominicana. Para empezar un buen sancocho, les habla de las delicias
culinarias del país y de los resultados de las mezclas raciales.
El pollo y los víveres, se ligan junto a las carnes de res y de cerdo
para mostrarles un suculento aspecto de la cultura.
Luego, don Florencio Lugo, un campesino del lugar les muestra cómo se
hace el famoso tabaco criollo a mano y sus distintas categorías. Los
franceses, con las caras felices, intentan fabricarlos, lo huelen y
algunos también los fuman.
Su adrenalina continúa aumentando cuando dos aves guapas, se pelean a
picotazos, mostrando con hidalguía sus crestas. Los extranjeros descubren
con ojos asombrados cómo se pelean los gallos.
Durante una exhibición, los dos animales se cruzaron entre las piernas de
una turista que asustada huyó de aquel combate mortal, mientras reía a
carcajadas.
El contacto
La afluencia de turistas no sólo sirve a los franceses para ampliar sus
conocimientos culturales, también es útil para mover la pequeña economía
de la comunidad.
Cuando llegan turistas a los hoteles se emplean de forma temporal pequeños
grupos de mujeres. En el rancho de Lugo y su socio alemán Ruddy Norman se
suelen contratar a seis, unas para la cocina y otras para la limpieza.
Mientras ellas ganan algunos pesos, Lorenza y sus compañeros turistas
tuvieron la oportunidad de ver, cómo lucen antes de llegar al
supermercado la miel de abeja, cacao y café.
Antes de esto, se dieron un baño de naturaleza en la finca de Lugo y su
socio, por la que atraviesan varios ríos y se puede acceder al Gran
Salto.
Entran allí a caballos, donde se encuentran con una inmensa vegetación
de acacias y un suelo cubierto de hojas secas. Luego, deben bajar unos
escalones de cemento, que cuando llueve se ensucian de lodo.
Narra Lugo que hace ocho años, cuando los dueños de las fincas todavía
no habían asfaltado los escalones, llegaban en motores, llenándose los
talones de lodo, pero ahora es algo más cómodo y seguro.
Aunque comodidad no es precisamente lo que buscan los franceses en estas
aventuras tropicales. Explica el empresario turístico que hay que ver cómo
se ríen cuando caen en un charco. Lo que menos importa a los turistas son
los lodazales de la carretera, pero a él y a su socio, los tienen de
vuelta y media. Por eso exigen al Gobierno que la termine para continuar
impulsando su pequeña industria turística. Actualmente reciben unos 12
mil extranjeros al año.
Mientras tanto, los turistas continúan deleitándose con las casas
campestres que les lleva a ver el guía Moisés Díaz, quien los traslada
desde sus hoteles a Sierra de Agua, y conociendo los barracones de los
bateyes de Guerra.
Allí, entran, según Díaz, para apreciar la diferencia entre los estilos
de vida de los bateyes y los campos dominicanos.
Excursiones
Los turistas se
contactan a través de las agencias de viaje y se les vende un servicio
“todo incluido’’, que incluye las visitas a las comunidades rurales
y a los ranchos durante un día.
Llegan en camiones acondicionados como guaguas en las que cargan entre 14
y 20 turistas. Cada día llegan a Sierra de Agua más de cinco de estos
vehículos.
El costo de la excursión por persona es de entre 60 y 65 dólares, por
todo el paquete, que incluye también la comida.
En ocasiones, para estas excursiones se utilizan guías haitianos, ya que
son muy diestros en el dominio del francés, pero eso ocasiona celos entre
los dominicanos, ya que, según dicen, muchos de estos no están
acreditados por la Secretaría de Turismo.
Los ranchos también reciben la visita de excursionistas dominicanos, de
universidades, escuelas y empresas. Algunos tienen algunas habitaciones
disponibles, aunque no suelen promover visitas por más de un día.
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