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Tomado de
El diario/LA PRENSA edicion digital.

Por , 2003.
La primera
intervención económica de Estados Unidos en la República Dominicana
data de 1893, cuando una firma bancaria americana, la “Santo Domingo
Improvement Co.”, compró una deuda de 170.000 libras esterlinas (pendiente
de pago a una compañía holandesa), que le dio “el derecho” a
recaudar la renta aduanera dominicana para cobrar dicha deuda. La deuda de
marras había sido contraída por el presidente Ulises Heaureaux para
comprar armas para combatir a los que se rebelaban contra su dictadura.
En 1909 el presidente Juan Isidro Jiménez resistió que se siguiera
explotando las arcas aduaneras dominicanas con la susodicha deuda, pero
intervino el Departamento de Estado de Estados Unidos y forzaron unas
“negociaciones” donde el gobierno dominicano fue obligado a comprar la
deuda de la “Santo Domingo Improvement Co.” por $4,500,000.00, un
precio cinco veces mayor que el de la deuda original.
Castigaban así al fisco dominicano con una super plusvalía de ganancia.
Era un negocio típicamente generoso para el bolsillo capitalista de
Estados Unidos. A partir de entonces, el país dominicano se vio
constantemente amenazado por el Coloso del Norte hasta el día 4 de mayo
de 1916 cuando los infantes de marina yanquis al mando del almirante
Caperton, desembarcaron y ocuparon el país.
Para esa fecha la República Dominicana carecía de un liderato
gubernamental estable. El anciano y enfermo presidente Jiménez renunció
a la presidencia y ésta fue tomada interinamente por el doctor Federico
Henríquez y Carvajal, presidente del Tribunal Supremo de la República.
Henríquez y Carvajal fijó una posición nacionalista frente al jefe de
la ocupación militar y frente a las demandas de los ocupadores. Fue
inmediatamente nombrado presidente por el Congreso de la República en
sustitución de Jiménez, pero no llegó a tomar posesión del cargo ya
que renunció a la Presidencia por falta de unanimidad y cooperación de
sus compatriotas, y regresó al Tribunal Supremo. Por otro lado la
resistencia a la invasora infantería de marina yanqui era muy débil o
casi ninguna.
El Ejército Nacional se había desbandado y no tenía ni armas ni
municiones para hacerle frente a las tropas de los marines. Hubo una
resistencia de los “gavilleros” (guerrilleros populares) pero no fue
suficiente. La ausencia de resistencia dejó la puerta abierta a los
abusos de la marinería sádica que cometía toda clase de tropelías
contra el pueblo intervenido. El 25 de julio el Congreso dominicano nombró
presidente de la República al doctor Francisco Henríquez y Carvajal,
hermano de Federico, el renunciante, quien nombró a éste Secretario del
Interior.
El 29 de noviembre de 1916 el capitán yanqui H. S. Knapp emitió una
proclama al pueblo dominicano donde le informaban que se establecía el régimen
militar de Estados Unidos y quedaban intervenidas todas las funciones del
gobierno dominicano. Decretaron la ley marcial; las autoridades
dominicanas fueron despojadas de su poder; disolvieron la Legislatura;
sustituyeron los tribunales de justicia por consejos de guerra;
sustituyeron la policía por marines; coartaron la libertad de prensa;
controlaron el servicio de correos y las comunicaciones; procedieron a
cobrar todos los impuestos o contribuciones; y se declaró al capitán
Knapp “legislador, juez y ejecutivo supremo” de República Dominicana.
Era el típico acto de piratería imperialista que habían ensayado a raíz
de la llamada Guerra Hispanoamericana, cuando se apoderaron de Puerto
Rico, Filipinas, Guam, además de mediatizar la independencia de Cuba al
reservarse el derecho de intervención.
Contra los “gavilleros” habían decretado los militares yanquis órdenes
específicas, de matarlos e investigar después. Contra quienes no obedecían
los llamados a las concentraciones de población, que ordenaban a barrios
enteros reunirse para que proveyeran a los marines de artículos y
productos de consumo, tenían órdenes como la siguiente: “Vencido el
plazo para la reconcentración, debe dispararse contra cualquiera persona
que se encuentre en los campos, sea hombre, mujer o niño, porque es un
rebelde a las disposiciones del gobierno; los ranchos deben ser
incendiados; las siembras totalmente destruidas; los animales que se
encuentren deben ser fusilados también y si no se pueden aprovechar para
la tropa deben ser incinerados incontinenti; que no quede en las dos
regiones nada, absolutamente nada que pueda servir de alimento ni de
abrigo a los rebeldes, ni gente que pueda darles informaciones”. Esa fue
la democracia que practicaron en la invasión.
Los marines de Estados Unidos estuvieron ocho años saqueando y abusando a
la República Dominicana. El 26 de junio de 1924, el Congreso Dominicano
ratificó el tratado de evacuación con Estados Unidos y los marines
empezaron a retirarse el 12 de julio. Se fueron pero dejaron un
representante, a Trujillo, que les protegió sus intereses con una
sangrienta dictadura que duró treinta y un años de opresión, explotación
y atraso en la República Dominicana.
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