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CUEVAS
DE POMIER |
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Tomado de la edición
digital del Periódico HOY,
Santo Domingo, R. D.-
Por Fátima Alvarez Las cuevas de Pomier son un conjunto de cavidades que crean un medio ambiente subterráneo formado hace millones de años y que fueron usadas por los pobladores indígenas de la Hispaniola como refugio contra las fuerzas de la naturaleza y como centro de manifestación de su cultura y su religiosidad. Ubicadas en el paraje de Pomier en la provincia de San Cristóbal, las cuevas, con sus cuatro kilómetros cuadrados, resultan ser uno de los principales atractivos turísticos y culturales del país. Según nos relata Gerónimo, encargado, en 1993 fueron declaradas reserva antropológica a través del Decreto 295 al tiempo que se nombró un personal administrativo y se construyeron casetas para evitar la producción de daños a la reserva; en el 1996 se amplía la extensión del área protegida a 54 cuevas a través del decreto 233. "El cónsul y antropólogo británico Robert Schwombrt redescubrió en 1949 las cuevas de Pomier y las valoró en su dimensión arqueológica, histórica e hídrica. No es hasta 1951 sino cuando se inician estudios importantes para protegerlas y se dan a conocer internacionalmente". Relata Gerónimo que la mayoría de las cuevas de Pomier son cavidades verticales de piedras calizas con decenas de metros de profundidad a las que sólo tienen acceso los grupos de espeleólogos. Entre las de acceso horizontal se encuentran la Sala de los Grandes Edentados, la Cueva del Puente, la sala de la Penumbra, de los Grandes Bloques, y la sala de Boinayel. En ellas se presentan trabajos pictográficos realizados por los indígenas, provenientes de las culturas igneri y taína. En estos petroglifos se recrea parte de la cotidianidad de los indígenas en las que aparecen escenas de sus ritos, sus costumbres, los animales con los que convivían e incluso los dioses que formaban parte de su religiosidad. Gerónimo destaca la sala de los Grandes Edentados, una de las primeras en ser visitada, la cual recibe este nombre del investigador Dato Pagán, quien en estudios realizados encontró restos de animales herbívoros. Los edentados son un grupo de mamíferos entre los que se encuentran los perezosos, los osos hormiguero y mielero y los armadillos, que se destacan principalmente por su dentición reducida o ausente y grandes garras en los dedos. Una de las salas visitadas es la de la Cultura o la Sala del Behique o Buitío, nombre derivado de la máxima autoridad de los indígenas que era el sacerdote, y quien hacía su ritual para comunicarse con los dioses. "El mismo consistía en durar siete días sin comer nada, luego introducirse un artefacto en la garganta hecho de un hueso de manatí, lo que le provocaba el vómito para limpiar su interior, absorbiendo posteriormente un polvo hecho de hojas de caoba, que le creaba alucinación, cayendo en trance con sus dioses". El rey de la lluvia, el dios Boinayel cuenta con su propia sala en la que aparece representado por un rostro humano. Cuenta la historia que cuando los indígenas requerían de lluvia para la etapa de la siembra, se postraban frente a la cara de Boinayel, quien desprendía lágrimas de su rostro provocando la lluvia en la isla. Por debajo de los terrenos de las cuevas de Pomier pasa el río Nigua que desemboca en el manantial de La Toma siendo el principal abastecedor de agua del municipio de San Cristóbal. Allí la vegetación es equilibrada, lo que permite un buen control y desenvolvimiento. LA LEYENDA DEL DELFÍN Y EL INDIO En una de las salas de las cuevas de Pomier aparecen pictografías que semejan la figura de un hombre montando sobre un animal. Cuenta la leyenda que ésta surge en torno a la figura de un pez que fue criado por un indio, que nombró Anón al pez que fue domesticado al punto de que el indígena lo llamaba y él se acercaba al indio, subiendo sobre su lomo y paseándolo por todo el mar Caribe, se presume que era un delfín por ser los animales acuáticos más fácilmente domesticables. HABITANTES DE LAS CUEVAS Aunque la zona cuenta con una variada fauna y flora, los amos y señores de las cuevas de Pomier son los murciélagos, pertenecientes a la familia de los quirópteros y de los cuales hay siete especies en Pomier de las 18 con que cuenta la isla Hispaniola. Entre los tipos de murciélagos que habitan las cuevas hay frugívoros, que se alimentan de frutas, permitiendo la proliferación de frutales a través de la diseminación de las semillas; insectívoros que se alimentan de insectos, permitiendo un control ecológico y los que se alimentan de árboles maderables y medicinales y permiten su proliferación. Una de las principales actividades que se realizan son las mineras, en la cual trabajan decenas de personas del paraje junto con la agricultura y en menor grado la ganadería. Las Cuevas de Pomier tienen el potencial y la atracción que posee cualquier otro monumento de la humanidad en el que el hombre hace acopio de admiración y respeto por las costumbres y tradiciones de una raza ya desaparecida. FAUNA Y FLORA DE LAS CUEVAS DE POMIER Las más abundantes son las aves de las que proliferan las cuatro ojos, guaraguao, garza, cigua palmera, lechuza, guineíta, barrancolí, cuervo, perdiz, judío, zumbador, chinchilín, Cigua amarilla, julián chiví ,carpintero. Se pueden encontrar también culebras y lagartos. Entre la flora de la zona las más abundantes son el copey, almácigo, caoba, cedro, roble, guácima, guáyiga, anón, arrayán, higuereta, corazón de paloma, higo, acacia y mamón, que es el mayor predominante de la zona. ¿DE DÓNDE EL NOMBRE DE POMIER? Según nos cuenta Gerónimo el nombre de Pomier surgió a raíz de una visita que hicieron los franceses a la zona, en la que encontraron al mamón, fruta muy frecuente en la zona, y la cual era muy parecida al manzano, al que ellos llamaban Pomier, de donde devino el nombre. |
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